martes, 15 de diciembre de 2020

Conversión para preparar la venida del Señor

En el evangelio de hoy, Jesús ofrece a sus interlocutores un ejemplo perfecto de un hijo que cambia, se convierte. Un hombre, dice Jesús, tenía dos hijos. Vino al primero y le dijo: "Hijo mío, ve a trabajar hoy en mi viñedo". Este último respondió: "No quiero". Pero entonces, habiéndose arrepentido, fue. Cuando el padre vino al segundo hijo, le dijo lo mismo. El hijo respondió: "Sí, Señor", y, sin embargo, no fue.

El primer hijo se negó, pero cambió y fue. ¿Qué pasó en el intervalo entre su negativa y su cambio? ¿Qué hizo, de qué se dio cuenta que lo hizo decidirse finalmente a ir al viñedo de su padre? Estas preguntas también surgen para el segundo hijo que es bueno con su padre: acepta de buena gana, pero no toma medidas. ¿Por qué este endurecimiento? ¿Qué ha sucedido en su vida, en su razonamiento para que se niegue a actuar, a poner en práctica su sí y así adherirse a la voluntad de su padre?

Si entendemos bien, estos dos hijos nos hacen tocar la diferencia entre decir y hacer. Es en esto último donde se produce la conversión cristiana. La aceptación de la palabra de Dios debe incluir una acción, una reacción en nuestras vidas. Por ejemplo, escuchar estas grabaciones de audio, leer la Biblia u otras meditaciones, es una buena acción. Pero el siguiente paso también consiste en conformar la propia vida al modelo de Cristo.

Cuando Jesús dijo a los ancianos: "Los recaudadores de impuestos y las prostitutas van antes que ustedes en el Reino de Dios". Con esto les hace entender que estos pecadores patentes de la sociedad han cambiado sus vidas después de escuchar la palabra del Señor. La conversión comienza con pequeños hechos: hoy, cada uno de nosotros está invitado a preguntarse: ¿qué debo cambiar en mi vida para preparar la venida del Señor? 

La conversión también asume este aspecto: perdonar a los demás, porque estamos perdonados. Dios nos acoge a pesar de nuestros errores. Debemos hacer lo mismo con nuestros hermanos que nos han ofendido. Permitamos que otros cambien de actitud.

Finalmente, recordemos que todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo un testimonio personal en nuestras ocupaciones diarias, dondequiera que cada uno esté.

Conversión para preparar la venida del Señor

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