lunes, 8 de febrero de 2021

El contacto con Jesús. Caminos de hermandad.

En el Evangelio de hoy, se nos ofrece tocar el poder del contacto con la persona de Jesús. El evangelista Marcos escribe: "Pusieron al enfermo en las plazas y le pidieron que tocara sólo el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron se salvaron”.

El más mínimo contacto físico puede obrar milagros para los que se acercan a Cristo con fe. Su poder curativo desborda de su corazón amoroso y se extiende incluso a su ropa. Tanto la capacidad como el pleno deseo de curar son abundantes y fácilmente accesibles.

Este pasaje puede ayudarnos a meditar sobre cómo nos encontramos con el Señor en la Santa Comunión y en la oración. ¿Comunicamos con la certeza de que este contacto puede obrar milagros en nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que rezar con fe es entrar en contacto con Jesús? A menudo olvidamos que no todos los que han conocido al Señor han permanecido igual. En cuanto a la Eucaristía, es importante recordar que en cada misa hacemos algo más que tocar "los flecos de su manto": recibimos realmente el Cuerpo de Cristo en nuestros cuerpos. Más que una simple curación de nuestras enfermedades físicas, la Comunión cura nuestras almas y garantiza su participación en la vida misma de Dios. 

Como vemos en el Evangelio, Jesús no permanece indiferente ante los sufrimientos de los enfermos que se le presentan. El contacto real con el Señor debe despertar en nosotros el sentido de la fraternidad y la amistad social.  Al igual que aquellos que se curaron de sus enfermedades al tocar sus ropas, nosotros también podemos ser curados de nuestro egoísmo y aislamiento al recibir a Nuestro Señor con fe.

Señor Jesús, tú conoces nuestros corazones y conoces nuestros problemas. Hoy en la oración, vengo a ti para ser curado y aliviado. Tráeme la ayuda que el mundo no puede ofrecerme. Alivia mis males y aumenta mi amor.   ¡Amén!

El contacto con Jesús. Caminos de hermandad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Evangelio según san Mateo 9, 27-31: Compadécete de nosotros

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la cas...