martes, 22 de septiembre de 2020

Mi madre y mis hermanos, dice Jesús: son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica


Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy en el Evangelio Jesús nos dice quiénes son sus hermanos y hermanas: "Mi madre y mis hermanos", dice Jesús, "son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica". Con esta respuesta, Jesús no niega su filiación a María, ni rechaza su vínculo de hermandad. Al contrario, abre las puertas a todos los que escuchan su palabra y la ponen en práctica.

Así que la pregunta es: ¿qué nos enseña Jesús?

Podemos dar varias respuestas a esta pregunta. Nos limitaremos a tres. En primer lugar, sin embargo, es importante señalar que Jesús hace hincapié en la importancia de escuchar su palabra. Y varios pasajes de los Evangelios nos muestran que el propio Jesús escucha a sus interlocutores. Incluso de niño, permanece en el templo. Sus padres lo encontrarán escuchando y haciendo preguntas. También podemos pensar en la historia de la mujer samaritana cerca del pozo. Jesús escucha.

En su época, Plutarco escribió: "Si la naturaleza nos ha dado a cada uno de nosotros dos oídos y un idioma, es porque nuestro deber no es tanto hablar como escuchar. Es cierto que Jesús nos habla específicamente sobre la escucha de su palabra, pero "saber escuchar" como tal sigue siendo relevante en nuestra sociedad actual.

Muy a menudo tratamos de ganar a los demás con nuestros puntos de vista. A veces hablamos demasiado de nosotros mismos. Y cuando escuchamos a los demás, es sólo para hacer lo que queremos o sentimos que tenemos que hacer.

 ¿Puede cada uno de nosotros preguntarse cuál es el lugar de la escucha en nuestras vidas? Y entonces, ¿cuál es el lugar donde escuchamos la palabra de Dios? Ponlo en práctica. Aquí me gustaría proponer tres enseñanzas de Jesús de las cuales todos podemos comenzar nuestra hermandad con el Señor.

El primero es el amor a los enemigos: "Le habéis oído decir: 'Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo'. Pero yo os digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan el bien a quienes los odian, recen por los que los tratan mal y los persiguen" Mateo 5:44.

La segunda: "Trabaja, no por el alimento que perece, sino por el alimento que queda para la vida eterna, que el Hijo del Hombre te dará". (Juan 6:27) Jesús nos enseñó que él era el pan de vida, la fuente de alimento eterno.

La tercera y última: "Si, pues, presentas tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego ven y presenta tu ofrenda.

Que el Señor nos dé la gracia de escuchar estas palabras y ponerlas en práctica.

 ¡Amén!

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