viernes, 23 de octubre de 2020

Jesús nos habla de nuestra habilidad para juzgar los eventos

Juzgar, distinguir, discernir

En el evangelio de hoy, Jesús nos habla de nuestra habilidad para juzgar los eventos. Estas palabras son claras: somos capaces de reconocer una lluvia que viene, capaces de distinguir el viento para saber la hora, pero incapaces de discernir el tiempo que corre, el tiempo presente.

Jesús nos pregunta: ¿Y por qué no juzgan ustedes mismos lo que es correcto? ¿Por qué no somos capaces de tener una opinión personal, fruto de una larga reflexión y una profunda oración con Dios?

En estas preguntas, queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy tocan un elemento que a veces, si no a menudo, nos caracteriza: la superficialidad. 

Somos de la generación de redes sociales. La información circula rápidamente. Pero qué información: videos de bromas e insultos, música y comentarios sobre los diversos aspectos de la vida; las imágenes que violan la moral son fácilmente retransmitidas, a la velocidad de la luz.  Todo lo que tienes que hacer es escribir una opinión personal sobre una noticia, y todo el mundo la comparte. Internet parece comprar nuestra capacidad de reflexión, discernimiento y juicio. Y la pregunta de Jesús se nos plantea con insistencia y relevancia: ¿Y por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es correcto?

Si podemos reconocer la lluvia, el frío y el calor, el escándalo y otras cosas, ¿cómo no reconocer el mal que nos mata poco a poco? ¿Qué hacemos para cerrar los ojos ante los lindos pecados que gangrenan nuestras vidas, y para descartarlos ante las banalidades de la incomprensión, la prisa, la mentira, la impaciencia, la superficialidad?

Hoy, la iglesia nos invita a mirarnos a nosotros mismos y a mirar a nuestro alrededor de forma diferente. Intentemos tomar una posición, después de haber discernido, analizado y examinado todos los recovecos de una pregunta, de una situación.    

Miqueas 6:8 Se te ha dado a conocer, oh hombre, lo que es bueno; y lo que el Señor requiere de ti es que practiques la justicia, que ames la misericordia y que camines humildemente con tu Dios.

Hoy vengo a ti, Señor: enséñame a mirar el mundo con tus ojos, a discernir y a tomar posición como lo hiciste ante los escribas y fariseos o ante la mujer adúltera. Y como no condenaste a esta última y le dijiste: Ve y no peques más, dame también la fuerza para ir a proclamar tu evangelio con mi testimonio de vida. AMEN

Jesús nos habla de nuestra habilidad para juzgar los eventos


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