miércoles, 30 de diciembre de 2020
Papa Francisco: La oración de acción de gracias (Audiencia General)
Evangelio según san Lucas (2, 36-40): Dando gracias a Dios
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Lucas 2, 36-40
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño,) se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
lunes, 28 de diciembre de 2020
Evangelio de hoy según san Lucas (2, 22-35): Mis ojos han visto a tu Salvador
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Lucas 2, 22-35.
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,
según lo que me habías prometido,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
al que has preparado para bien de todos los pueblos;
luz que alumbra a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel”.
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.
Evangelio según Mateo (2, 13-18): Es Raquel que llora por sus hijos
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según Mateo 2, 13-18.
Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.
José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado.
Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos.
domingo, 27 de diciembre de 2020
Papa Francisco: Rezo de la Oración del Ángelus (27 diciembre 2020)
Evangelio según san Lucas (2, 22. 39-40): María y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Lucas 2, 22. 39-40.
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
sábado, 26 de diciembre de 2020
Papa Francisco: Rezo de la Oración del Ángelus (26 diciembre 2020)
Sagrada Familia. Comentario al Evangelio del Domingo 27 de diciembre
Evangelio según san Mateo (10, 17-22): El que persevere hasta el fin, se salvará
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 10, 17-22.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque, en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.
El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará’’.
sábado, 19 de diciembre de 2020
Evangelio según san Lucas (1, 5-25): No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Lucas 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.
Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.
Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”.
Pero Zacarías replicó: “¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada”. El ángel le contestó: “Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”.
Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.
Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: “Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí”.
viernes, 18 de diciembre de 2020
Tercer domingo de Adviento: Narra el momento en el que el ángel anuncia a la Virgen María que será la madre del Hijo de Dios
San José: silencio, compromiso y responsabilidad
Ayer meditamos sobre la genealogía de Jesús. Hoy, el Evangelio va un poco más allá al contarnos la historia del nacimiento de Jesús. Por una de las raras veces, José aparece como el personaje principal y lo describe como un hombre justo.
Hace unos días, la Iglesia abrió un año especial dedicado a San José. Me gustaría invitarnos a meditar con el Papa Francisco sobre este discreto personaje, que participó activamente en la historia de nuestra salvación.
Qué sabemos de José: era un humilde carpintero; un "hombre justo", siempre dispuesto a cumplir la voluntad de Dios manifestada a través de cuatro sueños. El vio el nacimiento del Mesías en un establo, fue testigo de la adoración de los pastores y de los Reyes Magos y José no nos dice nada, sin embargo, sobre el fruto de esta rica experiencia. ¿Qué sintió o experimentó cuando Jesús fue presentado en el templo; cómo experimentó la huida a Egipto?
Este silencio de la experiencia de José nos recuerda a aquellos hombres y mujeres comunes que participan y han participado en nuestro florecimiento, en nuestra vida, en nuestro crecimiento, sin pompa, sin ruido. Todos podemos encontrar en San José al hombre o mujer de nuestra vida que pasa presente en nuestra vida cotidiana, discreto y oculto, un intercesor, apoyo y guía en tiempos de dificultad. (Papa Francisco).
José acepta a María su esposa sin poner condiciones. Obedece al ángel y basta. Y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física contra las mujeres es patente, José se presenta como un hombre respetuoso y delicado que, sin tener siquiera la información completa, opta por la fama, la dignidad y la vida de María. (Papa Francisco).
José nos hace entender que la profundidad de una vida espiritual no es explicativa, sino acogedora y meditativa. No es insípido, incoloro, está activamente comprometido. Al final de cada evento se ve a José como protagonista, el Evangelio señala que se levanta, se lleva al Niño y a su madre con él, y hace lo que Dios le ha ordenado.
Uno no nace como padre, se convierte en uno. Y te conviertes en uno no sólo porque traes un niño al mundo, sino porque lo cuidas responsablemente. Cuando alguien se hace responsable de la vida de otra persona, en cierto sentido, está ejerciendo la paternidad sobre esa persona.
Evangelio según san Mateo (1, 18-24): Cristo vino al mundo de la siguiente manera
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 1, 18-24.
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.
jueves, 17 de diciembre de 2020
Evangelio según san Mateo (1, 1-17): Genealogía de Jesucristo
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 1, 1-17.
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.
David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
De modo que el total de generaciones, desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce.
martes, 15 de diciembre de 2020
Conversión para preparar la venida del Señor
En el evangelio de hoy, Jesús ofrece a sus interlocutores un ejemplo perfecto de un hijo que cambia, se convierte. Un hombre, dice Jesús, tenía dos hijos. Vino al primero y le dijo: "Hijo mío, ve a trabajar hoy en mi viñedo". Este último respondió: "No quiero". Pero entonces, habiéndose arrepentido, fue. Cuando el padre vino al segundo hijo, le dijo lo mismo. El hijo respondió: "Sí, Señor", y, sin embargo, no fue.
El primer hijo se negó, pero cambió y fue. ¿Qué pasó en el intervalo entre su negativa y su cambio? ¿Qué hizo, de qué se dio cuenta que lo hizo decidirse finalmente a ir al viñedo de su padre? Estas preguntas también surgen para el segundo hijo que es bueno con su padre: acepta de buena gana, pero no toma medidas. ¿Por qué este endurecimiento? ¿Qué ha sucedido en su vida, en su razonamiento para que se niegue a actuar, a poner en práctica su sí y así adherirse a la voluntad de su padre?
Si entendemos bien, estos dos hijos nos hacen tocar la diferencia entre decir y hacer. Es en esto último donde se produce la conversión cristiana. La aceptación de la palabra de Dios debe incluir una acción, una reacción en nuestras vidas. Por ejemplo, escuchar estas grabaciones de audio, leer la Biblia u otras meditaciones, es una buena acción. Pero el siguiente paso también consiste en conformar la propia vida al modelo de Cristo.
Cuando Jesús dijo a los ancianos: "Los recaudadores de impuestos y las prostitutas van antes que ustedes en el Reino de Dios". Con esto les hace entender que estos pecadores patentes de la sociedad han cambiado sus vidas después de escuchar la palabra del Señor. La conversión comienza con pequeños hechos: hoy, cada uno de nosotros está invitado a preguntarse: ¿qué debo cambiar en mi vida para preparar la venida del Señor?
La conversión también asume este aspecto: perdonar a los demás, porque estamos perdonados. Dios nos acoge a pesar de nuestros errores. Debemos hacer lo mismo con nuestros hermanos que nos han ofendido. Permitamos que otros cambien de actitud.
Finalmente, recordemos que todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo un testimonio personal en nuestras ocupaciones diarias, dondequiera que cada uno esté.
Evangelio según san Mateo (21, 28-32): ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 21, 28-32.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.
Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”.
lunes, 14 de diciembre de 2020
Evangelio según san Mateo (21, 23-27): ¿Con qué derecho haces todas estas cosas?
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 21, 23-27.
En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le preguntaron: “¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?”
Jesús les respondió: “Yo también les voy a hacer una pregunta, y si me la responden, les diré con qué autoridad hago lo que hago: ¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de la tierra?”
Ellos pensaron para sus adentros: “Si decimos que del cielo, él nos va a decir: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’ Si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta”. Entonces respondieron: “No lo sabemos”.
Jesús les replicó: “Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago”.
domingo, 13 de diciembre de 2020
Papa Francisco: Rezo de la Oración del Ángelus (13 diciembre 2020)
Evangelio según san Juan (1, 6-8. 19-28): Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
sábado, 12 de diciembre de 2020
Misa de las Rosas desde la Basílica de Guadalupe (12 de diciembre 2020)
Santa Misa en la Solemnidad de la Santísima Virgen María de Guadalupe 12 diciembre 2020
Evangelio según san Lucas (1, 26-38): Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Lucas 1, 26-38.
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.
Mañanitas a la Virgen de Guadalupe y Misa de medianoche desde la Basílica 2020
viernes, 11 de diciembre de 2020
Inauguran pesebre y encienden árbol de Navidad en el Vaticano
Evangelio según san Mateo (11, 16-19): Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 11, 16-19.
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’.
Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’. Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ése es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”.
jueves, 10 de diciembre de 2020
Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor Jesús
Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor
En el evangelio de hoy, Jesús presenta triunfante a Juan el Bautista. Dice: "No hay mayor entre los hombres que Juan el Bautista, pero el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él”. ¿Qué lo hace grande entre los hombres, pero pequeño en el Reino de los cielos? Mejor aún, ¿cuál es la grandeza de un ser humano a los ojos de Dios?
Para aquellos que están acostumbrados a los textos sagrados, es común observar inversiones de situaciones en las Escrituras. Los últimos son declarados primeros y los primeros son declarados últimos. En el Antiguo Testamento, este es el caso de José. José tenía apenas treinta años cuando se convirtió en una de las figuras oficiales más cercanas al Faraón. Pero no siempre tuvo un estatus tan alto. Recordaremos que era el más joven, el más pequeño de su familia. Fue vendido por sus hermanos a los comerciantes. Y aun así, desde el rango de esclavo, fue eventualmente promovido al rango de ministro en la corte del rey de Egipto.
También podemos pensar en el ejemplo de Gedeón. Un día, Dios llamó a Gedeón para liberar a Israel. ¿Y cuál fue su respuesta a una misión tan importante? Gedeón le dijo a Dios: "¿Con qué libraré a Israel? He aquí que mi familia es la más pobre de Manasés, y yo soy el más pequeño en la casa de mi padre (Jueces 6:15). Piensa en la elección del Rey David. Por fin, todavía queda el más pequeño que vigila el rebaño.
La comprensión de estos pasajes bíblicos es simple: Aquellos que son tratados con indiferencia a los ojos del mundo, aquellos que viven al margen de la sociedad, esos son los que Dios busca y elige. A Dios no le atraen los nobles y los poderosos. Prefiere mirar a los débiles y humildes de corazón.
La grandeza de un hombre no depende de lo que logre en su vida. Juan el Bautista nunca curó a un enfermo. Nunca hizo milagros. La grandeza de Juan no se basa en las obras que fue capaz de realizar. La grandeza de Juan el Bautista se basa en la calidad de su persona.
Juan dijo a los que cuestionaban su identidad: "No piensen en mí como el Mesías". Ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Estas palabras fueron pronunciadas por un hombre que tenía una historia extraordinaria detrás de él. Su nacimiento fue predicho por un ángel. Y no fue cualquier ángel. Dios envió al arcángel Gabriel, el mismo que anunció el nacimiento de Jesús. Juan viene de una familia de sacerdotes, una de las oficinas más respetadas de Israel.
El tiempo de Adviento es también un momento favorable para rebajarnos. Oremos juntos: Señor, del deseo de ser amado, alabado, honrado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser preferido, consultado, aprobado, líbrame, Jesús. Del miedo a ser humillado, del miedo a ser rechazado... Del miedo a ser calumniado, olvidado, burlado, líbrame, Jesús. Amén.
Evangelio según san Mateo (11, 11-15): Ninguno más grande que Juan el Bautista
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 11, 11-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: “Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habría de venir. El que tenga oídos que oiga”.
miércoles, 9 de diciembre de 2020
Papa Francisco: Rezo de la Oración del Ángelus (08 diciembre 2020)
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
Evangelio según Mateo (11, 28-30): Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.
lunes, 7 de diciembre de 2020
Presentemos al Señor nuestras enfermedades, nuestra parálisis
Rompamos el techo del miedo
El evangelio de hoy describe un milagro de Jesús cuya historia merece nuestra atención. Fijémonos en los elementos que componen el relato.
El evangelista Lucas nos dice que un día Jesús estaba enseñando. Y vienen a él algunas personas que llevan a un hombre paralizado en una camilla. El objetivo es bien conocido: esperan que el Señor pueda curar a este enfermo cuya identidad es desconocida. Uno puede imaginar que los que lo traen son sus familiares, tal vez son sus amigos o simplemente sus parientes.
Para quienes están acostumbrados a los textos sagrados, se acordarán que Jesús realiza curaciones y milagros ya sea a petición de la persona misma ("Hijo de David ten piedad de mí; el caso de Bartimeo"); o por su voluntad personal (el ejemplo de la vuelta a la vida de su amigo Lázaro); o por la intercesión de familiares (el centurión que intercede por su criado y la mujer cananea viene a implorar a Jesús por su hija y hoy este grupo que trae al paralítico.
Y si estamos realmente atentos, en cada caso la fe y la intercesión de los parientes se destacan en negrita para marcar los rasgos de los milagros de Jesús. Admiremos la fe de este grupo de hombres en el Evangelio de hoy: creen firmemente que Jesús puede hacer algo y llegan a cavar en el techo de la casa para que el Señor pueda ver a los paralizados en su enfermedad. Y el Evangelio dice que cuando Jesús vio su fe, dijo: "Tus pecados te son perdonados".
El tiempo de Adviento es también el tiempo de intercesión. Rezar por los demás, dejar y dejar de estar en el centro de nuestras súplicas a Dios; abrir y llevar a los demás al Señor. Jesús no empieza por curar primero al lisiado de su parálisis. Pero primero perdona sus pecados. Sólo entonces puede darle una curación física.
El Señor nunca se cansa de perdonarnos. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón", dice el Papa Francisco. Vuelve a cargarnos sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos da este amor infinito e inquebrantable. Nos permite levantar la cabeza y empezar de nuevo, con una ternura que nunca nos decepciona y que siempre puede devolvernos la alegría. No nos entreguemos nunca a ser derrotados, pase lo que pase. Nada puede quitarnos la dignidad de ser hijos de Dios.
Presentemos al Señor nuestras enfermedades, nuestra parálisis. Rompamos el techo del miedo, la indiferencia, el odio, la negación, las mentiras, la vergüenza de encontrar al Señor que nos espera como padre del hijo pródigo.
Papa Francisco: Rezo de la Oración del Ángelus (06 diciembre 2020)
Evangelio según san Marcos (1, 1-8): He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Marcos 1, 1-8.
Éste es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito:
He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti,
a preparar tu camino.
Voz del que clama en el desierto:
“Preparen el camino del Señor,
enderecen sus senderos”.
En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.
sábado, 5 de diciembre de 2020
Segundo domingo de Adviento: Juan Bautista nos lleva a Jesús
La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Reza, por tanto, al dueño de la mies para que envíe trabajadores para su cosecha
Señor, envía trabajadores a tu mies
Hay palabras que cuando las escuchamos nos dejan en silencio. Resuenan tan fuertemente dentro de nosotros que no sabemos qué más decir para expresar lo que sentimos. Suelen ser las frases que entendemos desde dentro y que todo discurso no puede traducir.
Lo que Jesús dice hoy en el Evangelio me sumerge personalmente en esta experiencia: "La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Reza, por tanto, al dueño de la mies para que envíe trabajadores para su cosecha”.
Se trata de escuchar estas palabras de Jesús y mirar a nuestro alrededor, poniéndolas en las noticias de nuestro mundo.
La cosecha es abundante... incluso hoy, si estamos realmente atentos, el campo de Dios es tan vasto. Algunas personas mueren por el deseo de conocer al Señor. Otros viven al lado de las Iglesias vacías de fieles.
Los trabajadores son pocos... Hoy en día, debemos reconocer, sin riesgo de equivocarnos, que hay miles de trabajadores en la obra de Dios. Algunos más comprometidos que otros.
El Evangelio de hoy nos invita a ser buenos dondequiera que estemos, en cualquier estado de vida. Para florecer donde se siembra. Incluso junto a zarzas y espinas. Para lograr esto, sólo Dios puede ayudarnos. Así que recemos al dueño de la mies para que envíe trabajadores a su mies”.
Señor Jesús, fuiste tomado con compasión ante las multitudes sin pastor. Nos invitas a rezar al Señor de la cosecha... para que envíe trabajadores. Señor, danos los sacerdotes y los religiosos y religiosas que necesitamos; Señor, danos misioneros y evangelizadores... en nuestras familias.
Evangelio según san Mateo (9, 35–10, 1. 6-8): Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 9, 35–10, 1. 6-8.
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: “Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.
miércoles, 2 de diciembre de 2020
Papa Francisco: La bendición (Audiencia General)
Catequesis 17. La bendición
¿Cómo me comprometo a que el Señor me visite?
Señor, tú que me conoces….
Hoy, en el Evangelio que meditamos, se nos cuenta la historia de la multiplicación de los panes. Me gustaría sugerir que llamemos la atención sobre dos pequeños elementos para alimentar nuestra oración.
La primera es la declaración de Jesús: "Me apiado de esta multitud: hace ya tres días que están conmigo y no tienen nada que comer. No quiero enviarlos en ayunas; podrían desmayarse en el camino". Jesús mira a la gente que le sigue con ojos de amor y compasión. Cura a los enfermos, hace caminar a los cojos, los ciegos ven; pero también sabe que necesitan pan.
Así es como el Señor nos mira. No sólo mira al hombre entero, sino al hombre mismo. Démonos cuenta de que nos conoce, conoce nuestros problemas, nuestras preocupaciones, nuestras enfermedades, nuestras dificultades, nuestras alegrías, nuestras penas. El Señor, mirándonos, ve nuestra vida en su totalidad y no deja nada de lado. Conoce nuestras debilidades, nuestros fallos, nuestros pecados, también conoce nuestro deseo de no volver a caer en el error.
Isaías 43:1 dice: Así dice el Señor que te creó, oh Jacob, así dice el Señor, que te creó ahora. ¡El que te formó, oh Israel! No temas, porque te he redimido, te he llamado por tu nombre, eres mío.
Juan 10:14 dice: Soy el buen pastor. Conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí.
Jeremías 1:5 dice: Antes de formarte en el vientre de tu madre, te conocí, y antes de que salieras de su vientre, te consagré y te hice profeta para las naciones.
Seamos conscientes de que el Señor nos conoce, y nunca nos dejó solos en ninguna situación. Si supiéramos cuánto confía Jesús en nosotros, y el valor que todo lo que hacemos, por pequeño que sea, tiene a sus ojos, le estaríamos cada vez más agradecidos.
El segundo elemento es la pregunta de Jesús a sus discípulos: "¿Cuántos panes tienen? Para realizar su milagro, Jesús, curiosamente, pide la participación de la humanidad. Siempre. Recordemos el agua convertida en vino en Cana: siempre, el hombre contribuye a ver el signo de Dios. La pregunta que se nos hace hoy es cuál es mi contribución. ¿Cómo me comprometo a que el Señor me visite?
Este tiempo de Adviento es un momento favorable para comprometernos y dejar que el Señor que nos conoce manifieste su gloria en nuestras vidas: Acoger a Jesús requiere una preparación para las bellas artes. Esto es lo que la Iglesia nos pide a nosotros y a cada uno de nosotros para encontrar nuestro camino.
Señor, tú que me conoces. Ayúdame a prepararme más para conocerte en mi vida. Amen.
Evangelio según san Mateo (15, 29-37): Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado
Queridos amigos: compartimos el Evangelio según san Mateo 15, 29-37.
En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino”. Los discípulos le preguntaron: “¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?” Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos contestaron: “Siete, y unos cuantos pescados”.
Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado.
martes, 1 de diciembre de 2020
Papa Francisco: Diciembre, para una vida de oración
El Papa Francisco y el Misal Romano para Diócesis del Zaire
Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11-32: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo
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